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Calor, mucho calor ambiental y humano, eso es lo que se ha sentido hoy en el concierto de Roxette en Madrid, ciudad dispuesta a celebrar con ahínco sus mejores recuerdos de los años 90 para convertir un show a medio gas en un recuerdo emotivo para todos y arropar el espíritu de superación de Marie Fredriksson.

Cuando hace unos meses la cantante sufrió una caída en un concierto en Lituania, Pes Gessle notificó vía Twitter que la pierna derecha de su compañera le falla (también el ojo del mismo lado) como secuela del tratamiento con el que hizo frente al tumor cerebral que padeció en 2002 y que mantuvo al grupo en un paréntesis durante casi diez años.

Aún así, la rubia Fredriksson, tan oxigenada como antaño, se aferra noche tras noche de esta gira a su butaca, a un pie de micro fijado al suelo, y sale a cantar, a ratos falta de resuello y apoyándose en su corista, a ratos con nervio, y es entonces cuando el auditorio entra en combustión.

Poco ha importado que esta misma noche el Real Madrid se jugara el pase a la final de la Liga de Campeones. Los madrileños han respondido al 30 cumpleaños de este dúo mítico y prácticamente han agotado las 6.000 entradas puestas a la venta en el Palacio Vistalegre.

Ellos han levantado el espectáculo tanto como unas canciones que forman parte del ADN de los 90, chispazos de pop pegadizo influidos aún por la década previa -no todo fue desasosiego existencialista "grunge"-, que llevaron a Roxette a vender más de 75 millones de copias y a convertirse en la banda sueca más celebrada desde ABBA.

"¡Hola, Madrid! ¡Esta es una de mis ciudades favoritas en el mundo y vamos a tocar algunas de nuestras canciones favoritas para vosotros¡", advertía Gessle casi al inicio del concierto, repitiendo lo que ya había avisado con antelación, que esta gira de aniversario -el conjunto se formó en 1986- podría haber sido diseñada por un fan.

Un viejo spot de televisión decía de un recopiltario de Crowded House: "Conoces más canciones de las que piensas". Lo mismo sucede en un show de grandes éxitos de Roxette, casi todos surgidos de sus discos "Look sharp!" (1988) y "Joyride" (1991), los más celebrados de su producción.

"The look", "It must have been love", "Spending my time", "Listen to your heart"... Uno a uno se van dando paso en un concierto que Vistalegre ha vivido como una fiesta de la memoria, la cual arranca con sus apuntes más roqueros, los de "Sleeping in my car".

Momentos antes, aún en sombras y ante una escenografía muy sencilla que imita unas persianas gigantes, un asistente ayuda a una renqueante Fredriksson a alcanzar su posición. Después entra el resto de la banda, con Gessle llevando la voz cantante durante casi todo el show.

Apenas se salen del guión establecido y les siguen "The Big L" y "Stars". Prácticamente de cada disco del dúo se ofrece al menos una muestra.

Con "Spending my time", la música se corta completamente para dejar que sea el público el que la coree. Le sigue "Crash! Boom! Bang!" y se hace más patente el deficiente nivel de audio que llega del micrófono de Frederiksson. ¿Es un fallo técnico o su garganta? Aún así, el público aplaude a rabiar.

Uno de los momentos más especiales llega después de "Crush on you", "She's got nothing on (but the radio)" y "The heart shaped sea". La cantante se queda en el escenario casi a solas, acompañada del teclado. Interpreta "Watercolours in the rain" y "Paint". Suena creíble, emotivo, y el abrazo del público de Madrid se cierne sobre ella una vez más.

Más allá de un "Que viva España" interpretado con la guitarra, se mantienen inalterables las premisas de otros conciertos. Tocan "Fading like a flower" y el concierto parece recuperar el brío, que se mantiene con los superéxitos "How do you do!", "It must have been love" (la canción de amor de "Pretty Woman"), "Dangerous" y "Joyride".

Finalmente, "Listen to your heart" abre el tiempo de los bises, que cuenta como colofón con "The look", con un rugido de furia vocal de la rubia cantante y con un rótulo en letras bien grandes que reza: "ROXETTE".

Gessle recoge a su compañera del brazo y juntos abandonan las tablas entre el estruendo cariñoso de Madrid. Mañana ofrecerán una actuación más en Barcelona, pero dicen que en breve volverán con un nuevo disco de estudio. EFE