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Todos los sonidos son importantes, "no hay uno mejor que otro", porque todos ayudan a "desarrollar una intuición de lo que es la realidad", afirma el venezolano Gustavo Matamoros, fundador de Subtropics, el festival que cada dos años invita a abrir los oídos a la música experimental en Miami.

Creado en 1989, el festival se centra en su edición número 24, que comienza este miércoles, en un "arte perdido" y "más necesario que nunca": la capacidad de escuchar.

"Listen" (Escucha) se titula precisamente una de las dos instalaciones de arte sonoro con la que se inaugurará el certamen y su autor es el propio Matamoros, quien ha adaptado un proyecto que llevó a cabo en una transitada calle de Miami Beach a un espacio cerrado y a oscuras para que los oídos estén alerta.

La segunda instalación es "Microcosmos", de la colombiana Alba Triana, quien presenta una escultura vibradora que hace perceptibles las resonancias de un platillo que de otra manera no se sentirían.

Desde el jueves se sucederán en Subtropics las actuaciones de músicos experimentales como Olivia Block, Abbey Rader, John Driscoll, Jack Wright, Richard Garet, Barbara Held y Benton C. Bainbridge.

De España llegarán los artistas sonoros Miguel Álvarez-Fernández y Víctor Aguado Machuca, a los que acompañará vía Skype Ferrer-Molina. Los tres son miembros de la Asociación de Músicos Experimentales Españoles.

El festival, organizado junto a la fundación ArtCenter del Sur de Florida, incluye también en su programa seminarios y talleres y concluirá el 22 de julio con una maratón de siete horas dedicada al arte sonoro y la música experimental.

Matamoros señala que básicamente lo que se pretende con Subtropics es que la gente esté dispuesta a explorar, a "abrir la mente a cosas distintas", a "sonidos que no está acostumbrada a escuchar".

Entre los músicos y artistas que participan en Subtropics hay quienes producen música experimental con instrumentos clásicos y quienes experimentan con todo: los instrumentos y el sonido.

El joven John Driscoll, conocido por su trabajo con altavoces robóticos rotatorios, presentará tres composiciones originales creadas con instrumentos electrónicos modificados.

Matamoros es un amante de los sonidos. Si tuviera que quedarse con uno de los que produce en la actualidad su Venezuela natal, sería el de los cacerolazos nocturnos en Caracas y otras ciudades.

No hay sonidos feos ni lindos, pero el ser humano -dice- cierra los oídos a los que no quiere escuchar. "Aunque los oídos no tienen párpados como los ojos, tenemos párpados mentales", dice Matamoros.

Para el compositor venezolano, "un sonido es una evidencia de algo que ha ocurrido. Algo se transforma y produce un sonido", afirma este artista que se inspira fundamentalmente en la naturaleza.

Desde hace años suele visitar por la noche los Everglades, el inmenso humedal del sur de la Florida, para escuchar sus "fantásticos sonidos".

En esas visitas ha podido apreciar "cambios en el paisaje sonoro", como por ejemplo más o menos sonidos de un determinado tipo. La abundancia es señal de salud y si hay menos sonidos puede intuir que no hay suficiente agua en ese área de los pantanos y que la fauna ha buscado refugio en otras zonas, explica.

Es esa manera de escuchar, esa "relación más íntima y funcional con el sonido", la que siempre ha querido promover con Subtropics, una cita que hasta 2009 fue anual y desde entonces es bienal.

La compositora Alba Triana, que también tiene como musa a la naturaleza, está interesada en los elementos intangibles, lo que no se percibe, y en como extraer sus sonidos internos.

"Utilizo ondas, lo que la gente no ve, para hacer perceptibles las resonancias propias de un objeto. En la naturaleza todo esta resonando, vibrando, pero no lo percibimos", explica a Efe.

Ocurre lo mismo con la solidez de un objeto. Parece solido, pero la realidad es que no lo es, que hay espacios en su estructura, señala Triana, quien está de acuerdo con Matamoros en que "hemos perdido la capacidad de escuchar" no solo los sonidos del mundo, sino a los demás seres humanos.

La música experimental y el arte sonoro son importantes para Triana, porque buscan generar experiencias, "para tener mayor nivel de empatía y conexión con el mundo".