Por Carlos Zegarra
¿Qué se puede decir de una comedia cuyos mejores chistes fueron vistos en los llamados "trailers" (avances)?
Tenemos en la pantalla otra más de las "peliculitas" del poco chistoso y bastante predecible Adam Sandler, quien al parecer no se cansa de repetir el mismo papel de patán gritón, malhumorado (pero de buen corazón), que ha repetido hasta el cansancio en todas sus películas.
Esta película es una mezcla de "un cuento de navidad" con "el hombre bicentenario" y con otras muchas referencias de otras películas que tratan la historia del arrepentimiento de una vida materialista... bla, bla, bla... o sea, nada nuevo. Por supuesto no podemos perder de vista la influencia de todas las películas que Adam Sandler ha interpretado y que aportan la misma receta de chistes a esta producción de dudosa calidad.
La película nos relata la vida Michael Newman, un arquitecto que pretende subir escalones en la empresa donde labora, la relación con su familia y el poco tiempo que le puede prestar por sus ocupaciones.
Es entonces donde aparece Morty interpretado por Christopher Walken quien le hace entrega de un "control remoto universal", con el cual puede ver y manipular su vida como una película. Pero como de costumbre todo beneficio tiene su costo el cual deberá pagar a un alto costo.
La película transcurre sin mayor pena ni gloria dentro de una comicidad vulgar de pastelazo hasta terminar en convertirse en un melodrama básico y tontón.
Sobre las actuaciones no hay mucho que decir. Sandler hace lo de siempre, Kate Beckinsale cumple pero no convence, tal vez el mejor es Christopher Walken que siempre nos deleita con sus personajes bizarros y estrafalarios, pero que ya empieza a repetirse y ni hablar de David Hasselhoff, cuya cúspide actoral ha sido en trusas de baño.
Si le gusta la comedia burda y predecible, la película esta hecha a su medida de lo contrario no utilice su precioso tiempo en ver una película, que su mejor momento es el "trailer" (avance)
Quedamos a la espera de "Nacho Libre" a ver si Jack Black nos devuelve la confianza en los cómicos "gringos". |