Por Carlos Zegarra
Con gran expectativa fui al cine a ver una de las películas que prometía ser una aguda y divertida sátira sobre el mundo de la moda. Pues bien... no fue así.
Me encontré con una insulsa comedia, que lejos de hacer un planteamiento interesante sobre el "mundillo" de la moda, se centra en la vida de una chica cuya forma simple de vida contrasta con el mundo de excesos y frivolidad de dicha industria.
Lo que es peor, la chica sencilla se convierte cual cisne moderno, en otra víctima de la moda y lo superfluo, con tal de agradar a quienes la rodean en el trabajo.
Predecible hasta el cansancio, la película termina dando una pueril moraleja sobre valores básicos a prueba de tontos.
Quienes gustan de la moda, podrán disfrutar de unos cuanto chistes "en boga", aquellos que no saben nada sobre esta industria, se quedarán viendo para el techo. Igualmente los que gustan del diseño y aquellos quienes creen que ese mundo de vanidad es la meta a alcanzar, encontrarán en la superficialidad de esta cinta un mundo de fantasía y realización.
Muy lejos... pero muy lejos quedan películas como "Prêt-à-Porter" del director Robert Altman, quien con gracia y un enfoque agudo y humorístico logra hacer una excelente sátira de esta multimillonaria industria,
Lo único que vale la pena destacar en esta producción, es la magnífica actuación de Meryl Steep (Miranda Priestly), quien una vez más de despoja de su humanidad, para meterse de forma íntegra en el personaje que interpreta. Una lección de actuación que solo una artista de la talla de ella puede lograr.
Stanley Tucci (Nigel), quien es un consumado actor y ha logrado grandes interpretaciones en películas como "Conspiracy" (HBO) o "A Midsummer Night's Dream " (1999) logra en esta película un papel decoroso y bien construido, aunque para su desgracia, Streep brilla demasiado para que su actuación pueda figurar.
El novel director David Frankel queda en deuda esta su cuarta aparición en la pantalla grande. Esperamos mejores resultados para su próxima producción. |