Cuando el destino nos alcance
La cuenta regresiva llega a su fin y la bomba explota. El desorden con el clima del mundo es tal que la corriente que rige las temperaturas del mundo comienza a cambiar bruscamente. Se avecina entonces una tormenta de dimensiones estratosféricas que afectarán a todo el planeta.
Dentro de esto, Jack Hall, un científico climatológico intenta advertir a los líderes de la Tierra de lo que se avecina. Pero como es normal, los amos del planeta prestan oídos sordos. Jack también tiene problemas familiares, es divorciado y no mantiene una buena comunicación con su hijo. Cuando se desata el caos, la paternidad de Jack lo hará hacer lo imposible: viajar a través de la tormenta de Washintong a Nueva York para buscar a su hijo.
El día después de mañana es la típica película de catástrofe; su director, el alemán Roland Emmerich se ha ido perfeccionando en el género con filmes como El día de la independencia y Godzilla.
Para este filme, Emmerich ha estructurado un guión comercial, pero con los requisitos necesarios para establecer una buena narración. De esta forma tenemos un evento global y de grandes magnitudes que cambiará a muchos, pero también tenemos un núcleo de personajes que se verán afectados de manera distinta.
Los momentos de tensión están muy bien logrados y le dan impulso a la narración. Esto se complementa con una avalancha de estupendos efectos especiales, cuyo fin es lograr que la cinta se vea lo más realista posible. Terminamos de añadir un montaje discreto y una fotografía ala altura, junto a una banda sonora justa. No podemos olvidar las actuaciones, que aunque no son gloriosas, la presencia de Dennis Quaid es fundamental en el filme.
Roland Emmerich logra su mejor película y además de recaudar el taquillón deseado, esta cinta nos alerta con “chinitas” sobre el triste comportamiento de los líderes del mundo hacia la situación ambiental. Además nos muestra un giro irónico, donde el tercer mundo puede pasar a ser primero.
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