Quisiera ser duende
Buddy ha crecido en el Polo Norte, junto a los ayudantes de Santa Claus y teniendo como papá adoptivo a un viejo duende. Pero el tiempo transcurre y Buddy descubre que es diferente a los demás, por lo tanto debe ir a buscar a su verdadero padre, que da la casualidad de que vive nada menos que en
Nueva York. El tipo resulta ser un amargado que se dedica a la impresión de cuentos infantiles; Buddy deberá recuperar la felicidad de su nueva familia para encontrar su lugar en el mundo.
Elf, el duende tiene toda la sombra de aquellas viejas películas del director Frank Capra y que en su mayoría protagonizara James Stewart, donde destaca sobremanera La vida es maravillosa (1946). Curiosamente esa cinta también se situaba en navidad y sucedía en Nueva York.
Pero bueno, nuestro filme utiliza todas esas "coincidencias" de manera irónica, tan irónica como la escena en que los muñecos de los clásicos animados de Rankin Bass de los años setentas, salen a despedir a Buddy cuando se marcha del Polo Norte. Entre esa ironía y unas salpicaditas de humor negro, la película monta una plataforma bastante interesante, donde cuestiona de forma simpática los estándares de las navidades.
Por otro lado, Will Ferrell, "graduado" de esa gran escuela de cómicos como lo es el legendario programa Saturday Night Live, crea un personaje que tiene la inocencia de un Tom Hanks en la cinta Quisiera ser grande y la bondad de un James Stewart en La vida es maravillosa. Como contraparte, el veterano James Caan encaja perfecto en los zapatos del gruñón papá.
El filme se disfruta a raudales y nos reímos hasta más no poder. La narración es ágil y fluida, así la cinta transcurre sin problemas; al final quizás se vuelva un poco ingenua y medio cursilona, pero hasta ella misma -la película- sabe como burlase de eso y dejarnos un mensaje de buscar nuestro duende interior a como de lugar.
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