Es el segundo año para Harry Potter en Hogwarts y las cosas no comienzan muy bien. La llegada de un elfo llamado Dobby, quien advierte a Harry de un peligro inminente en ella escuela y una serie de eventos donde distintos alumnos aparecen petrificados, ponen al borde de la clausura a Hogwarts. El futuro vuelve a estar en las manos de Harry, mientras que la siniestra sombra del malvado Voldemort puede estar detrás de todo.
Como es lógico en cualquier secuela, Harry Potter y la cámara secreta nos reencuentra con un código prestablecido. O sea, sabemos quién es el protagonista, sus amigos, el lugar donde se desarrollan los hechos. Además la estructura de las películas, al igual que los archifamosos libros, será siempre la misma: inicio del año escolar, nuevos profesores, un mal que acecha la escuela, el juego de quidich y el reto de Harry.
El juego aquí es consentirnos con nuestros conocimientos adquiridos y dejarnos como doctos en el tema. Lo interesante es adquirir más seguidores película tras película.
En lo que al filme respecta, está bien narrado pero adolece de las mismas virtudes y defectos que su predecesora. En otras palabras, la cinta es bastante entretenida, cuidada y limpia en su lenguaje, pero ausente de momentos cumbres, los cuales si los posee la historia pero les falta talento a la hora de la puesta en escena.
El maravilloso reparto donde figura el desaparecido Richard Harris, la elegante Maggie Smith, el maquiavélico Alan Rickman y bonachón Robbie Coltrane, conforman un soporte increíble a la película; ayudados con la incorporación del genial Kenneth Branagh en las veces del egocéntrico y torpe profesor Gilderoy Lockhart y la inclusión del pequeño fotógrafo Colin Creevey, bellísimos personajes.
Los niños quedan a medias. La perspicaz Emma Watson esta cada vez mejor como Hermione, mientras que a Rupert Grint le falta más pimienta a su Ron y a Daniel Radcliffe astucia y sagacidad a su Harry.
Una de las partes valiosas de la serie de libros y que está expuesta de forma clara y puntual en el filme, es la lucha de clases sociales, encabezada por el duelo entre Potter y Malfoy, donde la posición económica y el linaje se enfrentan al conocimiento y el talento.
En conclusión la cinta funciona, entretiene y complace, pero nos deja la espina que con un poco más de talento fácilmente el filme sería genial; le queda como tarea al realizador mexicano Alfonso Cuarón quien dirigirá Harry Potter y el Prisionero de Akzaban. |