El último día de Monty Bragan
Antes de ingresar a prisión por traficar droga, Monty Brogan hace una revisión total. Visita su colegio, donde su mejor amigo imparte lecciones; va donde su padre para reconciliar viejas heridas; revisa sus creencias y modo de ver a los demás y tiene una fiesta de despedida con sus amigos. Pero sobre todo 2 cosas inquietarán a Monty: despedirse de su mujer y averiguar quien lo delató, y puede que ambas estén estrechamente relacionadas.
Sin salir de su querido Nueva York, Spike Lee -el más representativo cineasta afroamericano- hace un recorrido en La hora 25 de la vida de este personaje. De filmes tan memorables como: Haz lo correcto, Malcolm X, Más y mejores blues y Crooklyn; otros no tan geniales como: Jungle fever, Clockers y Él tiene el juego; este director nos presenta protagonistas que no son buenos, ni malos y están cargados de defectos y virtudes. En lo que respecta a Monty es un tipo lleno de dudas, de emociones muy fuertes y con grandes contradicciones. El actor Edward Norton encarna a la perfección a este tipo y se echa la película en hombros. Philip Seymour Hoffman, a quien hemos visto en cintas como Magnolia, El talentoso señor Ripley y Casi famosos, es estupendo en el soporte con un personaje pequeño pero de gran significado, donde las encrucijadas vuelven a florecer.
Pese a las buenas actuaciones, la cinta siempre está en control de Spike Lee. Aunque de un inicio pausado y con diálogos en exceso, el filme adquiere ritmo en su segunda parte, donde el tiempo se agota y las dudas persisten. El epílogo narrado por el padre de Monty que interpreta de manera brillante Brian Cox, busca encontrar es última salida en un callejón que parece extenderse cada vez más. El final es ambiguo, como toda la película, como la vida misma.
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