Tarantino: un charlatán con talento
Nuestra protagonista, que resulta que se llama Beatriz Kiddo, sigue adelante con su lista de “cuentas pendientes”. El turno le toca a Budd, luego Elle Driver y finalmente el duelo con Bill.
Kill Bill Vol. 2 no tiene contemplaciones para los espectadores que no han visto la primera parte, simplemente continúa con la historia sin repetir explicaciones que ya se han dado.
El director Quentin Tarantino baja la velocidad con respecto a la cinta anterior. Las escenas son más largas, las peleas se reducen en cantidad y los personajes hablan hasta por los codos.
El filme vuelve a retomar ciertos géneros de su antecesora como lo son: el western, las artes marciales, la comedia con tintes de parodia y hasta el melodrama. Tarantino es un realizador inteligente y da muestras como ha estudiado a conciencia cada ingrediente que va a usar. De esta forma vemos como la película cambia en estética en las distintas escenas, la fotografía cambia, el montaje cambia y el tono de la cinta cambia. Esto es una gran virtud de la película, pero a la vez un defecto que no la deja tomar vuelo y le pone un techo muy claro.
La música vuelve a ser fundamental en Kill Bill Vol.2. Tarantino tiene la virtud de inundar sus cintas con música, pero nunca las satura. Para esta ocasión tenemos a Ennio Morricone, maestro musical del spaghetti western, Johnny Cash, Malagueña de Chingón y una memorable versión de She’s not there de Los Zombies por Malcon Mclaren, quien le da una tónica trip hop de antología.
En resumen, Kill Bill Vol.2 se disfruta en su estilo, que en el fondo son muchos. El mayor defecto es que ambas cintas no toman fuerza como una sola y pierden individualidad. Tarantino nos demuestra que ambas fueron hechas con el mayor desenfado e ironía posibles, en lo que nos deja claro que tiene talento. |