En los años treinta en los Estados Unidos, se produjo una revolución cinematográfica con la aparición de lo que más tarde sería un clásico: King Kong.
Esta película de aventuras cautivó a las audiencias del mundo con lo último en la tecnología y la animación cuadro por cuadro, convirtiéndose en una película de culto y en una de las más galardonadas producciones de “jolibud”.
En los años setentas, el productor Dino de Laurentis, realizó la versión actualizada de esta película, en cuyo escenario final se cambiaría al “Empire State” por las ahora desaparecidas Torres Gemelas. Esta versión, más “sexy” que la original, igualmente hizo alarde de lo último de la tecnología en efectos físicos de la época y ubicó a la actriz Jessica Lange en el mercado cinematográfico.
Casi 30 años después, el director Peter Jackson, responsable de la mega producción de “El Señor de los Anillos”, trae a la pantalla una nueva versión de este clásico.
Igualmente que sus antecesoras, esta producción cuenta con lo último de la tecnología de la industria del cine, esta vez digital, para sorprender nuevamente al mundo amante de este gigantesco gorila.
La estructura de la película está desarrollada en tres actos claramente definidos tanto en espacio físico como en cantidad de acción.
El primer tercio, nos presenta la ciudad de New York durante la gran depresión de los treinta. Magníficamente producida hasta su último detalle, esta recreación sirve de marco para definir los personajes, de forma poco convincente, que se embarcarán en la gran travesía que los llevará a conocer al rey de los simios.
El segundo tercio de la película se desarrolla en la Isla Calavera en donde vive Kong, una isla remota y misteriosa ubicada en el sur de Asia donde la naturaleza no ha cambiado en millones de años. Los parlamentos de los personajes durante el primer tercio de la película, se reducen a exclamaciones como “Ah”, “Oh” “Agh”, “Uh”, etc, porque una vez que la acción empieza, el guión no exige más de los personajes de carne y hueso y se centra en la comunicación no verbal entre Ann Darrow (Naomi Watts) y el grandioso gorila, interpretado por Andy Serkis, responsable también de la actuación en vivo del inolvidable “Golum” en la saga de “El Señor de los Anillos”.
El último tercio de la película se centra de vuelta en “New York” y nos lleva al inevitable desenlace conocido por todos.
Torpe por momentos, el guión no ofrece mayor sustento emotivo al espectador. Aunque la película maneja algunos conceptos “bonitos” esta no es suficientemente profunda para manejar subtextos que enriquezcan la trama y el mensaje conservacionista que se asoma tímidamente a través de la misma.
Eso sí, para los amantes del “Non Stop Action” y los efectos especiales, esta producción cuenta con algunas de las más impresionantes secuencias de acción jamás filmadas, en donde la acción en vivo y los efectos digitales se conjugan en forma casi perfecta para darle al espectador un espectáculo de gran calidad.
El director Jackson no escatimó en creatividad ni en la producción de estas monumentales escenas, que en definitiva, son el plato fuerte de la película, y me voy a atrever a nombrar dos de ellas, que sin duda tiene que ser disfrutadas en su dimensión.
La primera es la estampida de brontosaurios, una secuencia complicadísima en donde se manejan varias acciones al mismo tiempo, creando uno de los momentos más ricos y tensos de la película, y la segunda y más extravagante de todas, la lucha entre Kong y tres tiranosaurios rex, una extraordinaria coreografía digital, que reúne todos los elementos de acción conocidos en la historia de este tipo de cine, y lo lleva más allá de su límite, generando una de las escenas más impresionantes de esta línea cinematográfica.
Otro de los elementos que es particularmente impresionante, es la tecnología con la que se creado el personaje de King Kong. Nuevamente el equipo de WETA, la compañía de efectos especiales que produjo el personaje de “Golum” se pone una flor en el ojal, al desarrollar este magnífico personaje, que cuenta con una gesticulación facial y física de un realismo y credibilidad excepcionales. Andy Serkis el encargado de acción en vivo, hizo un estudio profundo del comportamiento de los gorilas, para lograr capturar la esencia de estos gentiles y casi humanos seres, logrando una de las mejores actuaciones digitales de nuestros tiempos.
Una de las novedades cinematográficas es el uso de la cámara subjetiva, en donde se manejan puntos de vista, que hace unos años hubiese sido imposible lograr, como por ejemplo la vista de Kong corriendo por la selva con un primer plano de sus manos, llevando a Naomi Watts en una de ellas.
Simplemente esta película es un festín para quienes disfrutan de la cinematografía fantástica y de los alardes técnicos de nuestros tiempos.
A pesar de la calidad técnica que puede ser este tributo a la película original de King Kong de los cineastas Merian C. Cooper y Ernest B. Schoedsack producida en el año treinta y tres a, la película carece de sustancia, y se desperdician los talentos de actores de la talla de Adrien Brody (El Pianista, 2002) y Naomi Watts (Mullholand Dr, 2001), quienes cumplen con los papeles encomendados, pero no son mejores que su contraparte digital: King Kong.
Una película para disfrutar, de la que no hay que esperar más que un buen rato en el cine. |