Cuentas Pendientes
Jimmy, Sean y Dave son tres chiquillos de barrio. El destino lleva a que Dave sea secuestrado mientras los otros dos son testigos de la catástrofe. Treinta años después, los tres hombres se reúnen nuevamente ante otra tragedia, que posiblemente sea el saldo pendiente de una cuenta anterior.
Siempre creí en Clint Eastwood como director. Cuando joven fui a ver Bird (1988)-biografía del saxofonista Charlie Parker- no podía creer que el tipo de las películas de vaqueros hubiera dirigido eso. Luego cintas como: Cazador blanco, corazón negro (1990), la oscarizada Los imperdonables (1992), Los puentes de Madison (1995) y la olvidada Medianoche en el jardín del bien y el mal (1997), me dieron a entender que ese tipo se había convertido en uno de los directores más importantes de la actualidad.
Río Místico viene a confirmar lo anterior. El filme es verdaderamente sobrio, serio, mesurado, limpio; en otras palabras perfecto.
Todo se encuentra en un equilibrio absoluto: actuaciones, música, fotografía, montaje; todo.
Sean Penn es bárbaro, en un papel cargado de contradicciones y con un peso dramático increíble. Tim Robbins, no se queda atrás; al igual que un Kevin Bacon, quien es sacado del olvido y puesto en escena con un personaje que siempre debe cargar con ser testigo mudo de lo que hacen los demás. Laura Linney y Marcia Gay Harden, son maravillosas en el rol de las mujeres felizmente marginadas. Sin exagerar mucho, todos estos actores pueden ser nominados al Oscar.
No podemos olvidar el guión; armado con sumo cuidado nos narra, de forma pausada y efectiva, una historia cargada de culpas, donde cada escena nos revela un saldo del pasado de un personaje con otro. Brian Helgeland, Oscar por su guión en Los Ángeles al desnudo, fue el encargado de armar todo este esqueleto al que Clint Eastwood le añade carne y piel.
Entre camufladas mafias irlandesas, amistades en la sombra y el olvido y terribles venganzas, Río Místico se convierte en una de las obras maestras de este año.
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