Furia de Titanes
Cuenta la leyenda que por el amor de una mujer se desató la batalla más grande de todos los tiempos. Pues así es, es el año 1193 AC y el joven Paris de Troya se roba a la bella Helena, esposa de Menelao de Esparta. La reacción no se hace esperar y Menelao pide ayuda a su hermano Agamenón, a quien más que el honor le interesa el poder. En las filas de este ejército milita Aquiles, el guerrero más grande jamás conocido. Del lado contrario está Héctor, hermano de Paris, un líder incólume e hijo del noble Príamo. Lo que nos espera habrá de hacer historia.
Filme de dimensiones monumentales, donde si bien se invirtió un megapresupuesto, también se contó con la ayuda de la magia digital.
Troya es una cinta para impresionar, conmovernos y dejarnos boquiabiertos. La pura verdad, la película convence a manos llenas.
Su reparto combina ídolos como Brad Pitt y Orlando Bloom, con veteranos de la talla de Peter O’Toole. Todos están estupendos. Este equilibrio es producto de una laboriosa dirección del alemán Wolfgang Petersen, responsable de cintas como La tormenta perfecta y Avión presidencial, pero también del hermoso cuento La historia sin fin.
A esto agregamos: la fotografía, el montaje, el vestuario, la ambientación, los efectos especiales y el sonido, para completar el gran nivel de Troya.
No podemos olvidar el guión. El joven escritor David Benoiff se dio a la tarea de fundir elementos de La Ilíada, La Odisea y La Eneida para obtener una historia distinta, que respeta a los personajes y los hechos pero los ordena a conveniencia dramática, como debe de ser.
Para terminar, la banda sonora de James Horner recurre a finos coros femeninos de lamento con tendencia al Oriente medio, para condimentar las gloriosas marchas épicas que abundan en la cinta. El cierre con “Remember” interpretada por Josh Groban es de antología.
Todos los peliculones tienen su escena, la de Troya es la batalla entre Héctor y Aquiles. Legítima furia de titanes.
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