Los conflictos en nuestro trabajo: una oportunidad para mejorar
Antes de empezar hagamos una pausa y tratemos de ubicar los sentimientos y pensamientos que nos genera la palabra: “conflicto”…
Cuando se plantea esta pregunta en grupos de trabajo, suelen brindar respuestas tales como: ansiedad, enojo, furia, consenso, temor, incertidumbre, desagradable, solución, rechazo, distanciamiento, cambio, resentimientos, mejora, caos, crecimiento, guerra, negociar, optimismo, etc.
Si analizamos con detenimiento estas palabras podemos identificar dos formas de percibir el conflicto.
Una primera forma en que solemos visualizar el conflicto es asumirlo como una experiencia negativa y peligrosa, donde la situación conflictiva se percibe como una amenaza cuya consecuencia casi inevitable es la ruptura de la relación con la persona que estamos teniendo el conflicto.
"Algunas veces me he sentido tan perjudicado por una acción de algún compañero, que me he puesto furioso y presiento que si hablo va a ser peor el problema que ya tenemos, he optado por distanciarme para no tener un problema mayor". Esta forma de percibir los conflictos está ampliamente enraizada en nuestra cultura, por lo que tanto en nuestro trabajo como en otros espacios de nuestra vida solemos reaccionar a los conflictos con una actitud defensiva.
Nuestra ansiedad aumenta a altos niveles y nos preparamos para atacar o huir del problema. Esta actitud puede ser muy favorable en situaciones reales de peligro, incluso nuestro organismo está programado para esta reacción en tales situaciones, el problema es que activamos este mecanismo en situaciones conflictivas con personas con quienes necesitamos mantener una relación, sea porque trabajamos con ellas, vivimos con ellas o sea solamente porque debemos compartir las calles con ellas.
Una segunda forma de percibir los conflictos que está implícita en las palabras que anotábamos antes, es percibir el conflicto como oportunidad. Una oportunidad para mejorar, para cambiar condiciones que en este momento nos están provocando incomodidad y que requieren ajustarse para que las personas implicadas recobren su bienestar.
Esta forma de percibir el conflicto nos permite aceptar que tenemos una incomodidad con algún compañero, pero que es posible resolverla y encontrar una solución que mejore para ambos las condiciones actuales, donde ambos podamos ganar.
Siempre un conflicto nos enfrenta a una situación de cambio, por lo tanto nos genera sentimientos de incertidumbre, ansiedad, enojo, pero también es cierto que nos puede generar sentimientos de optimismo, curiosidad, esperanza. Estos sentimientos aparecen si aceptamos que los conflictos con las personas son parte esencial de nuestra vida, que están con nosotros cada día, en cada decisión compartida con otros, por más pequeña que sea.
Si logramos enfrentar nuestros conflictos cotidianos desde la convicción de que es posible encontrar una solución que satisfaga nuestras necesidades y las de la otra persona y que permita superar las incomodidades actuales, que es posible una solución ganar-ganar, que es posible enfrentar el conflicto para mejorar, probablemente empecemos a desarrollar otras actitudes frente al conflicto. De estas actitudes estaremos comentando próximamente. |