Enojarnos no es malo, ¡Es necesario!
¿Qué tanto buscamos enojarnos?, ¿Qué tanto manifestamos la ira? , ¿Qué tanto la aceptamos en nosotros mismos o en los demás? En esta ocasión queremos compartir algunas reflexiones sobre la ira y el enojo.
En la gran gama de estados de ánimo y sentimientos que experimentamos como personas que somos se encuentran tanto los agradables como los desagradables. De aquí que afirmemos que tan humano es sentir alegría como enojo. Sin embargo, es una realidad que la dificultad y el costo emocional que nos dejan los sentimientos desagradables es tan alto y nos hace sentir tan mal que lo que buscamos o queremos es librarnos de ellos.
¿Cómo así? Evitando enojarnos; negando que algo nos molestó entonces lo ignoramos o lo pasamos por alto; aceptando pasivamente situaciones que nos incomodan; quedándonos callados como quien dice “el que calla otorga”. Todas estas son formas diferentes de cómo enfrentamos situaciones que nos causan ira, y todas tienen algo en común, no se enfrentan adecuadamente porque no manifestamos nuestra insatisfacción, nuestro desacuerdo, malestar y enojo.
¿Por qué actuamos así? Por muchas razones, una de ellas tal vez la más importante es que socialmente no se le da un lugar al enojo, al desacuerdo y desde niños se nos censura y deslegitima ese sentimiento. Por el contrario con la felicidad, la alegría, el disfrute y placer entre otros, todos estamos de acuerdo, si reímos de alegría nadie se nos acerca y nos censura con preguntas tales como: ¿Qué le pasa?, ¿Por qué se pone así?, todo lo contrario ríen con nosotros y entre más dure mejor.
Definitivamente con el enojo no es así y esas preguntas expuestas anteriormente son las que recibimos cuando estamos enojados, son cuestionamientos que nos hacen sentir que estamos haciendo algo mal, que estamos equivocados, que no entendemos y no tenemos razón de estar enojados. Socialmente la censura anula el enojo, expresiones como “pero no se enoje”, “no se ponga así”, “por qué lo toma tan mal”, nos limitan desde un principio nuestro derecho a sentir y expresar enojo, un sentimiento humano tan válido como cualquier otro.
Pareciera entonces que sentirnos enojados es algo malo e incorrecto pero, ¿Sabe qué? Eso no es lo malo. Lo malo es otra cosa: es reprimirnos y anularnos no dándonos un lugar y el valor que tenemos; lo malo es sacarlo inadecuadamente con gritos, golpes, insultos, faltas de respeto y humillaciones.
¡Enojarnos nos es malo, es necesario! Expresar enojo adecuadamente es posible y no es censurable, y sí nos libera, pero no de la sensación misma, sino de ser nosotros mismos, de querernos, apreciarnos y convertirnos con los otros en seres plenos que legitimen y ejerzan su derecho a sentir y expresar el gran espectro de emociones, que como humanos somos privilegiados en tener. |