El punto crítico del enojo
En el espacio de esta semana queremos continuar con el tema del enojo que tratamos en semanas atrás. Nuestro interés hoy es brindar más elementos que ayuden a comprender qué nos enoja y cómo reaccionamos, para en una próxima ocasión, poder establecer en nosotros mismos formas de actuar y expresar adecuadamente nuestros enojos.
El enojo es una de las emociones que sentimos como negativa y que nos lastima, por lo tanto siempre queremos librarnos más rápido de él. Ahora bien, empecemos por definir ¿Qué nos enoja?. Las respuestas que obtenemos a esta pregunta guardan todas elementos comunes que en síntesis apuntan a lo siguiente: Nos sentimos enojados ante todo aquello que nos hace sentir amenazados, en peligro ya sea éste un peligro físico y/o emocional que nos lastima en nuestra autoestima y/o en nuestra dignidad.
Seguidamente pensemos ¿Cómo reaccionamos cuando nos sentimos enojados?. Mencionan los expertos que cuando las personas se enojan suceden diferentes cosas en nosotros: La primera cosa que nos sucede es que nos volvemos implacables, es decir bajo los efectos del enojo no logramos calmarnos. Asimismo enojados no razonamos porque simple y sencillamente no atendemos razones en ese preciso momento, nos volvemos entonces intransigentes. Los pensamientos que tenemos en nuestra mente cuando estamos enojados son pensamientos que tienen que ver con venganza y represalia, como dice el refrán “ojo por ojo, diente por diente”, en lenguaje cotidiano “ahora va a ver, le voy a hacer lo mismo para que vea que feo se siente”; o las represalias que por lo general dirigimos hacia dejar sola a esa persona que en alguna forma nos enojó y lastimó, y donde concretamente le decimos “¿Sabe qué?... la próxima vez no cuente conmigo”.
Cuándo estamos enojados también nos sucede que empezamos a fantasear con la idea de ser poderosos e invulnerables, nos aferramos a la idea de que somos fuertes y que lo que nos tiene enojados no nos afecta, entonces pensamos “¡¿Y a mí qué?. La verdad es que él/ella es el/la que pierde y yo sigo como si nada porque a mí esto me tiene muy sin cuidado”. Cualquiera que sea la modalidad que se adopte el fin es el mismo: sentirnos poderosos y negar que estamos afectados, que nos sentimos amenazados y que lo que está pasando nos duele.
Lo peor de todos estos sucesos y reacciones es que conforme se va desarrollando la situación que nos enojó, nos vamos desvinculando afectivamente de nosotros mismos y del otro que nos alteró, llevándonos a un punto crítico en el cual se facilita la agresión, que como todos bien sabemos y lamentamos sea cual sea la agresión, verbal y/o física sus consecuencias en unos como agresores y en otros como agredidos es fatal.
Comprender entonces que nuestros enojos nos pueden llevar a la agresión es fundamental, y así tomar conciencia de que la resolución y manejo que hagamos de él no sea agredir y lastimar como hemos sido agredidos y lastimados nosotros mismos. Y como planteamos al inicio de este artículo lo más importante es poder establecer en nosotros mismos formas de actuar y expresar adecuadamente nuestros enojos, tema que trataremos en otro artículo. |