Sí, ¡los demás!
Hace unas semanas escribimos sobre el tema de la Inteligencia Emocional donde planteamos una primera parte que se refería principalmente a la construcción del “Yo”. Hoy queremos complemetarla con el “Nosotros” ya que es precisamente donde entran los demás.
Los demás son parte esencial en nuestro desarrollo, es en relación a los otros que construimos y gestamos vivencias de todo tipo buscando siempre el fin de sentirnos satisfechos y felices. Sin embargo, no siempre el resultado es ese, en ocasiones es todo lo contrario y esto requiere de nuestra Inteligencia Emocional, lo cual significa tener la capacidad de interpretar y enfrentarnos con eficacia a esos sentimientos de los demás que nos están haciendo sentir mal.
Al igual que nosotros los demás tienen sus propios procesos de pensamientos y sentimientos, el poder reconocerlos y más que entenderlos, “comprenderlos”, implica en nosotros el ser empáticos.
La empatía es una habilidad emocional que nos posibilita el ponernos en el lugar del otro, en los zapatos de los demás como se suele decir. A ella recurrimos cuando queremos comprender a los demás lo cual implica salir de “mi yo” y ubicarnos en la posición del otro, quienquiera que este sea: el esposo, novio, compañero, hijo-a, amigo-a, la compañera de trabajo, la mamá, el papá u otro familiar.
Ser empáticos, ponernos en el lugar del otro, refleja madurez en la persona y nos brinda la posibilidad de transformar aquello que nos está haciendo sentir mal. Ponerla en práctica no es cosa sencilla ya que implica la conjugación del respeto, la tolerancia, la apertura a aceptar otros puntos de vista diferentes al mío, la solidaridad y sobretodo la entrega personal.
Como se menciona en el artículo de semanas atrás “Tener una mejor vida”, el comprender nuestros sentimientos nos brinda un mayor grado de libertad por la posibilidad de actuar sobre ellos, especialmente sobre aquellos negativos que nos lastiman y que necesitamos cambiar y superar.
Si sumamos a nuestro propio conocimiento de sentimientos el conocimiento de los sentimientos de los demás, (a través de la empatía con la cual reconocemos las necesidades del otro, y las integramos con las propias), logramos tener un panorama total que evidencia la conciencia de que no estamos solos, de que somos seres sociales por naturaleza y nuestra plenitud no depende solo de uno mismo sino que la alcanzamos en conjunto con los demás.
Poder actuar de esta manera a diario nos convierte en modelos de nuestros hijos e hijas, a quienes les enseñamos que para tener una mejor vida deben no solo darse un lugar sino también dárselo a los otros, porque la plenitud y felicidad se alcanza en relación con otras personas, especialmente las amadas, al sentirnos aceptados y apoyados por ... ¡Sí, los demás! |